Grítame que estoy vacía, pero eso no va a llenarme de ti.
Dime que no sé querer, pero eso no hará que te ame.
Zarandéame para que padezca, pero no me conmeverá.
Tira contra mi pecho tu frustración, pero tal como golpee, caerá muerta al suelo sin que perciba su peso.
Llora a mis pies que me odias, pero sólo conseguirás agrandar el hueco que hay entre mi pecho y mi espalda.
Lo único que lograrás es que te envidie, por la intensidad de tus emociones. Al menos tú, sientes.
Desmut
De mañana temprano, arrodillarme a la orilla del río, y lavar tus ropas contra una piedra, dejando que el agua helada inmovilice mis dedos.
Preparar el fuego para que tú, al levantarte, sonrías y me abraces, y que para mis manos frías, una mirada seria, sea suficiente reprimenda.
Respirar hondo, envuelta en una manta sobre la mecedora, y notar los aromas de la comida que preparas, canturreando bajito.
Pasear por un sendero olvidado que parte de nuestra casa de madera, recogiendo piñas del suelo, hasta llegar a la colina desde la que el sol, al esconderse, se ve más grande que en cualquier lugar de la Tierra.
Acostarme sobre un enorme colchón de plumas de aves, y leer un libro a la luz de un quinquel, mientras duermes a mi lado para mañana madrugar y cortar la leña.
Cambiaría todo lo que tengo por vivir así la vida, si la viviera contigo.
Preparar el fuego para que tú, al levantarte, sonrías y me abraces, y que para mis manos frías, una mirada seria, sea suficiente reprimenda.
Respirar hondo, envuelta en una manta sobre la mecedora, y notar los aromas de la comida que preparas, canturreando bajito.
Pasear por un sendero olvidado que parte de nuestra casa de madera, recogiendo piñas del suelo, hasta llegar a la colina desde la que el sol, al esconderse, se ve más grande que en cualquier lugar de la Tierra.
Acostarme sobre un enorme colchón de plumas de aves, y leer un libro a la luz de un quinquel, mientras duermes a mi lado para mañana madrugar y cortar la leña.
Cambiaría todo lo que tengo por vivir así la vida, si la viviera contigo.
Síndrome Premenstrual
Justo debajo de mi casa, hay una puerta verde que siempre que entro y salgo del edificio me pregunto qué será. No hay carteles ni luminosos. Hoy, he visto salir gente y he mirado dentro, parecía una papelería. Como tenía que mandar un fax a la compañía, he entrado. Ha sonado una campanilla al abrir la puerta, la cual se ha cerrado tras de mí.
Era una papelería repleta de cosas, cartulinas de colores, papel charol, papel cebolla, agendas, cuadernos, libros, bolis, rotuladores de todos los colores... No había un hueco en blanco en la pared. Era un sitio acogedor, estaba calentito. Tras el mostrador había una mujer gordita y alta que leía un libro viejo, y se secó las lágrimas al verme entrar. Se ha incomodado ligeramente y me ha sonreído.
- Perdona, estoy de un tonto... el síndrome premenstrual me hace llorar con todo!
- Anda, como a mí!
Sólo con estas frases, he notado una atracción por ambas partes. Me ha mirado fijamente, con media sonrisa y me he acercado al mostrador. Me ha caído bien desde el primer segundo, no podía dejar de mirar cómo se movía, colocando el libro en un cajón del mostrador, cómo se ha vuelto hacia mí. Tan grande, tan gordi, tan abrazable.
- ¿Qué necesitas? - me ha preguntado.
Y me han entrado ganas de sentarme junto a ella y decirle;
- Ay, amiga, necesito tantas cosas... para empezar me gustaría un lugar fijo del que sentirme dueña, sentir que pertenezco a algún sitio, y que desaparezca esta sensación de desarraigo, de no saber cuál es mi hogar.
En vez de eso, le he dicho:
- Mandar un fax.
Ella me ha mirado a los ojos, con una expresión comprensiva, como si entendiera lo que pensaba, no lo que decía. Sus ojos aún estaban vidriosos.
- Dame el número.
Y me han dado ganas de decirle;
- Te doy el de mi móvil y el del fijo, por si no me encuentras en uno, me llamas al otro, sin problemas.
Pero en vez de eso, le he dado el número de la compañía.
Mientras el fax se enviaba, hemos hablado del síndrome premenstrual, lo extraño que es, y lo susceptibles que somos algunas mujeres a cambiar de un momento a otro mientras lo sufrimos. Lo mismo lloriqueas, que ríes, que odias. Lo mismo sientes que tu novio ya no te quiere y que tu relación es la peor del mundo, que te miras al espejo y te ves más fea que nadie que hayas visto jamás. Por otro lado, te puede invadir una felicidad infinita si ves que han subido a seriesyonkis el último capítulo de "The Office".
Sólo dura unos días, pero son días de montaña rusa, que te hacen comportarte como una completa esquizo. Ella me ponía ejemplos de sus desvaríos, y yo le ponía ejemplos de los míos.
- Yo soy capaz de darle una paliza a mi marido si insinúa que estoy insoportable esos días.
- Yo seré capaz, cuando tenga marido.
- Y lloro viendo vídeos ñoños del youtube.- me dice.
- Yo lloré ayer viendo por enésima vez el vídeo de Christian el león.
- Pero sabes lo que no me produce ni frío ni calor en estos días?
- El qué?
- Los niños.
- Ni a mí!!!
Nos hemos reído tanto, que no nos hemos dado cuenta de que el fax ya se había enviado hacía eones.
- Bueno, parece que esto ya está. - me dice.
- Sí.
- ¿Vives por el barrio?
- Justo aquí arriba.
- Ah! Pues nunca te vi.
- Ni yo sabía que esto era una papelería! Y llevo ya dos meses viviendo aquí. Es que soy despistadilla.
- Yo con tu edad lo era, pero ahora mucho más.
- Eso va en aumento?
- Me temo que sí.
Al darme el cambio, ha dudado un momento antes de decirme;
- Me recuerdas mucho a cuando era joven.
Yo he sonreído, mientras pensaba "pues a mí me ha dado la sensación de estar hablando con mi YO de 2020.
Era una papelería repleta de cosas, cartulinas de colores, papel charol, papel cebolla, agendas, cuadernos, libros, bolis, rotuladores de todos los colores... No había un hueco en blanco en la pared. Era un sitio acogedor, estaba calentito. Tras el mostrador había una mujer gordita y alta que leía un libro viejo, y se secó las lágrimas al verme entrar. Se ha incomodado ligeramente y me ha sonreído.
- Perdona, estoy de un tonto... el síndrome premenstrual me hace llorar con todo!
- Anda, como a mí!
Sólo con estas frases, he notado una atracción por ambas partes. Me ha mirado fijamente, con media sonrisa y me he acercado al mostrador. Me ha caído bien desde el primer segundo, no podía dejar de mirar cómo se movía, colocando el libro en un cajón del mostrador, cómo se ha vuelto hacia mí. Tan grande, tan gordi, tan abrazable.
- ¿Qué necesitas? - me ha preguntado.
Y me han entrado ganas de sentarme junto a ella y decirle;
- Ay, amiga, necesito tantas cosas... para empezar me gustaría un lugar fijo del que sentirme dueña, sentir que pertenezco a algún sitio, y que desaparezca esta sensación de desarraigo, de no saber cuál es mi hogar.
En vez de eso, le he dicho:
- Mandar un fax.
Ella me ha mirado a los ojos, con una expresión comprensiva, como si entendiera lo que pensaba, no lo que decía. Sus ojos aún estaban vidriosos.
- Dame el número.
Y me han dado ganas de decirle;
- Te doy el de mi móvil y el del fijo, por si no me encuentras en uno, me llamas al otro, sin problemas.
Pero en vez de eso, le he dado el número de la compañía.
Mientras el fax se enviaba, hemos hablado del síndrome premenstrual, lo extraño que es, y lo susceptibles que somos algunas mujeres a cambiar de un momento a otro mientras lo sufrimos. Lo mismo lloriqueas, que ríes, que odias. Lo mismo sientes que tu novio ya no te quiere y que tu relación es la peor del mundo, que te miras al espejo y te ves más fea que nadie que hayas visto jamás. Por otro lado, te puede invadir una felicidad infinita si ves que han subido a seriesyonkis el último capítulo de "The Office".
Sólo dura unos días, pero son días de montaña rusa, que te hacen comportarte como una completa esquizo. Ella me ponía ejemplos de sus desvaríos, y yo le ponía ejemplos de los míos.
- Yo soy capaz de darle una paliza a mi marido si insinúa que estoy insoportable esos días.
- Yo seré capaz, cuando tenga marido.
- Y lloro viendo vídeos ñoños del youtube.- me dice.
- Yo lloré ayer viendo por enésima vez el vídeo de Christian el león.
- Pero sabes lo que no me produce ni frío ni calor en estos días?
- El qué?
- Los niños.
- Ni a mí!!!
Nos hemos reído tanto, que no nos hemos dado cuenta de que el fax ya se había enviado hacía eones.
- Bueno, parece que esto ya está. - me dice.
- Sí.
- ¿Vives por el barrio?
- Justo aquí arriba.
- Ah! Pues nunca te vi.
- Ni yo sabía que esto era una papelería! Y llevo ya dos meses viviendo aquí. Es que soy despistadilla.
- Yo con tu edad lo era, pero ahora mucho más.
- Eso va en aumento?
- Me temo que sí.
Al darme el cambio, ha dudado un momento antes de decirme;
- Me recuerdas mucho a cuando era joven.
Yo he sonreído, mientras pensaba "pues a mí me ha dado la sensación de estar hablando con mi YO de 2020.
A trozos
Si soy un todo...
¿por qué entonces estar a tu lado me hace sentir incompleta?
¿por qué entonces estar a tu lado me hace sentir incompleta?
Señalado como;
Magulladuras
El rayo que no cesa
Sólo el torbellino de tus reproches me llevan a estados viscosos de rabia.
Tu insistencia me mancha de negro la ropa,
tu verborrea intenta atraparme como el coyote a ese pájaro esquizoide,
tu parsimonia mata mis neuronas a martillazos,
tu versión mejorada de ti mismo, por ti mismo, me fusila el intelecto.
Cállate. Sólo, cállate.
No me obligues a meterte el puño en la boca.
No me obligues a trenzarme los tímpanos.
Que te calles!
Tu insistencia me mancha de negro la ropa,
tu verborrea intenta atraparme como el coyote a ese pájaro esquizoide,
tu parsimonia mata mis neuronas a martillazos,
tu versión mejorada de ti mismo, por ti mismo, me fusila el intelecto.
Cállate. Sólo, cállate.
No me obligues a meterte el puño en la boca.
No me obligues a trenzarme los tímpanos.
Que te calles!
Aclarado queda
Que cada tecla que pulso no dicta lo que siento,
que cada frase que escribo está vacía, que son vidas de otros,
quizás vidas de nadie.
Que lo que se acumula en mis vísceras ahí se queda, no saldrá.
que cada frase que escribo está vacía, que son vidas de otros,
quizás vidas de nadie.
Que lo que se acumula en mis vísceras ahí se queda, no saldrá.
Señalado como;
Magulladuras
Será entonces cuando entonces sea
Verte por primera vez supo a verte de nuevo después de mi vida sin encontrarnos.
Verte por primera vez olía como las mañanas en las que te extrañaba, antes de ti.
Verte por primera vez fue como rozar con los dedos la bufanda donde escondías tu sonrisa, sin saber aún que sonreías.
Verte por primera vez fue como verte con los ojos cerrados, como saberte desde antes de mí, como oír un susurro de tu boca antes de conocer tu voz.
Verte por primera vez fue seguido del terror de no volver a verte.
Verte por primera vez fue ansiar una cuerda que atar a tu muñeca y el otro extremo a mi cintura.
Verte por primera vez fue una explosión de colores,
de corales bajo el agua,
de calas blancas y ocres,
de coros de fuego y fragua,
de cueros, los nuestros, ataviados de calores.
Así será cuando, verte por primera vez,
sea.
Error, error...
Me aturde tu incomprensión, esperaba que al menos tú me entendieras.
Estoy hecha para no saberme, no conocerme, no gustarme.
Y por eso quizás me sacude la mente el hecho palpable de que no me sabes, no me conoces, no te gusto.
Confiaba en que tarde o temprano entraras donde yo no me supe entrar, y abrirme la puerta de los secretos que guardo con celo en mi caja torácica.
Y ahora todo es tan obvio. Todo es tan crudo y sórdido. Nunca estuviste ni cerca de amar lo que soy, sólo amaste lo que creías que yo era. Amaste a otra, otra que no era yo. Creíste entenderme y yo creí que lo hacías.
Nada más lejos de la realidad... entendiste, supiste, conociste a otra, quisiste a otra, alabaste a otra. A otra que no era yo, a otra que tú creías, que tú pensabas, que hubieras jurado que era de verdad yo.
Nos equivocamos. Todo el rato.
Ahora tengo la absoluta certeza de que no eres el único que entró en mí. Ahora tengo la absoluta certeza de que dentro de mí, nunca estuvo nadie. Ni yo misma. Nunca.
Estoy hecha para no saberme, no conocerme, no gustarme.
Y por eso quizás me sacude la mente el hecho palpable de que no me sabes, no me conoces, no te gusto.
Confiaba en que tarde o temprano entraras donde yo no me supe entrar, y abrirme la puerta de los secretos que guardo con celo en mi caja torácica.
Y ahora todo es tan obvio. Todo es tan crudo y sórdido. Nunca estuviste ni cerca de amar lo que soy, sólo amaste lo que creías que yo era. Amaste a otra, otra que no era yo. Creíste entenderme y yo creí que lo hacías.
Nada más lejos de la realidad... entendiste, supiste, conociste a otra, quisiste a otra, alabaste a otra. A otra que no era yo, a otra que tú creías, que tú pensabas, que hubieras jurado que era de verdad yo.
Nos equivocamos. Todo el rato.
Ahora tengo la absoluta certeza de que no eres el único que entró en mí. Ahora tengo la absoluta certeza de que dentro de mí, nunca estuvo nadie. Ni yo misma. Nunca.
Señalado como;
Huellas,
Magulladuras
Desvaneciendo
Si un día, desapareciere...
quién lo notare?
cuándo se adonaren?
cuánto lo lamentaren?
Señalado como;
Magulladuras
Candela
Candela entierra sus pies en la orilla húmeda de la playa, siente cosquilleos en la tripa, que se multiplican cuando una ola consigue alcanzarla y la moja hasta las rodillas. Se sienta sobre sus talones y palpa con las manos la arena a su alrededor. Hace montoncitos y se deleita cada vez que el agua pasa por encima y al retirarse deja sus recién hechos montículos mucho más suaves y redondeados. Nota el sol en su piel, la hace sudar. Se pasa las manos mojadas por la frente y se refresca. Nota el olor y el sabor a sal pasándose la punta de la lengua por sus labios. Es tan fácil conseguir ser feliz.
Alguien se acerca, pero ella no lo nota hasta que ese alguien coge su mano y le pone la palma hacia arriba. Unos suaves dedos que reconoce al instante, se deslizan sobre su mano y con la habilidad de quien lo ha hecho mil veces, le hace saber, presionando los signos adecuados, que es tarde ya y que deben volver a casa.
Candela mira sin ver a su madre y sonríe. Agarra su mano y le pregunta, sobre la palma de ella, si mañana volverán a este lugar. Su madre le responde que sí, mientras dure el verano, volverán cada día. Ella ríe sin oír el sonido de su propia risa.
Candela se levanta sin soltar la mano de su madre. La abraza, feliz. Ojalá supiera cuántos momentos así caben en un verano. Ojalá supiera lo que es un verano. Ojalá supiera cuán alta es su madre. Ojalá pudiera llevarse aquel lugar con ella para siempre.
Alguien se acerca, pero ella no lo nota hasta que ese alguien coge su mano y le pone la palma hacia arriba. Unos suaves dedos que reconoce al instante, se deslizan sobre su mano y con la habilidad de quien lo ha hecho mil veces, le hace saber, presionando los signos adecuados, que es tarde ya y que deben volver a casa.
Candela mira sin ver a su madre y sonríe. Agarra su mano y le pregunta, sobre la palma de ella, si mañana volverán a este lugar. Su madre le responde que sí, mientras dure el verano, volverán cada día. Ella ríe sin oír el sonido de su propia risa.
Candela se levanta sin soltar la mano de su madre. La abraza, feliz. Ojalá supiera cuántos momentos así caben en un verano. Ojalá supiera lo que es un verano. Ojalá supiera cuán alta es su madre. Ojalá pudiera llevarse aquel lugar con ella para siempre.
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